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LA ENTREVISTA
> Consuelo Bautista - [26/06/2009]

«Es interesante que "A los invisibles" sea un trabajo incómodo»


«Si tengo que definirme soy, ante todo, una fotógrafa documental»


«Que la fotografía sea democrática está bien, pero hay que darse cuenta que también existen los profesionales»


Un día, Consuelo Bautista, recibió la llamada de teléfono de Agustí Carbonell, por entonces jefe de fotógrafos de “La Vanguardia”. “¿Estas fotos son tuyas?”, le preguntó Carbonell tras echar un vistazo al dossier que le había enviado aquella joven colombiana. “Claro”, respondió ella. Así de simple fue el incursión de Bautista en el mundo de la fotografía de la prensa española. La profesional pasó, después, del periódico catalán a  “El País”, diario con el que aún colabora en la actualidad y mientras tanto, gracias a que no tiene un contrato fijo que la una irremediablemente al diario, sigue sin poner fronteras al mundo y, con su cámara analógica, realiza los trabajos “más personales” y “necesarios”. Uno de los últimos proyectos es “A los invisibles”, que refleja el drama de la inmigración ilegal en las costas españolas. Bautista trajo a Asturias sus fotografías y su dulce acento de Colombia y se llevó de vuelta a Barcelona “una experiencia muy positiva y necesaria” y un queso gamonéu.

-En el proyecto “A  los invisibles”, que presentó en Asturias, ha defendido su intención de huir del sensacionalismo y contar las cosas “de otra manera”. ¿Sufre el fotoperiodismo actual de sensacionalismo?
-En la actualidad hay una especie de lenguaje que es un esquema que se ha creado para estos tiempos y hace falta un poco de cambio. Es evidente, estamos en la crisis del periodismo. El cambio es necesario y fundamental si queremos que siga existiendo el periodismo y lo que está pasando es la posibilidad de que se convierta en lo que tiene que ser. No creo que  el periodismo sea sensacionalista, creo que hay gente que trabaja muy bien, pero que se ha creado un sistema de poder dentro del periodismo que no permite que la información sea lo que tiene que ser.  Pero por otro lado existe la inteligencia y yo soy siempre a favor de la gente, del pensamiento, no creo que la gente sea tonta.

-Su visita a Asturias con “A los invisibles” estuvo ligada a una videoconferencia que impartió a cientos de jóvenes de la región, precisamente una de las claves del proyecto era poder darle una dimensión pedagógica. ¿Qué tal fue la experiencia?
-Fue emocionante, desde luego era una de las intenciones dentro del proyecto “A los invisibles” que tuviera un componente pedagógico. El proyecto nació como un encuentro, no sé quien encontró a quien y a partir de ahí surgió la necesidad de hacer algo, y casi de manera espontánea han ido surgiendo las cosas. La experiencia fue maravillosa, estupenda, fue emocionante ver la atención y las ganas de enterarse de lo que había pasado.

-Uno de los aspectos más destacados de este trabajo suyo sobre la tragedia de los inmigrantes en las costas españolas fue el formato en el que se presentó, como un periódico tabloide, ¿por qué eligió esta manera de publicar “A los Invisibles”?
-Me parecía importante que fuera algo incómodo. Pero por otro lado a nivel visual está muy bien, se puede jugar con ello. Me gustaba esa posibilidad de que sea algo en lo que te tienes que parar, no es cojo lo miro y ya está. Me paro, me instalo, lo miro...

-Además, lo paradójico es que esos “invisibles” no siempre aparecen en los periódicos diarios, no son los que tienen el poder y copan la portada...
-La idea iba también por ahí, dedicado a estas personas de donde sean. Al movimiento, que no se vieran sus rostros. Cuando se hace fotografía hay muchos recursos, los niños, los perros... en este trabajo decidí que el recurso rostro no apareciera.

-Y eso que en el resto de sus series conocidas, “Colombia”, “Colombianos”, “Jerusalén” o “Cuba, el trabajo con los rostros es importantísimo.
-Mi formación y vivencia dentro de la fotografía viene de la línea documental. Si tengo que definirme soy ante todo fotógrafa pero documental, lo defiendo a ultranza.

-¿Cómo se enfrenta esa fotógrafa, que es inmigrante y emigrante, al drama de los invisibles?
-Desde luego que se tiene una manera distínta de enfrentarlo. Llevo 25 años en España, y cuando empecé el proyecto, en el 2001, fue como una reacción interna fuerte, algo relacionado con mi persona me pasó. Cuando llegué a Cataluña me recibieron bien porque era algo diferente, yo era lo bonito, lo exótico y de repente pasé a ser una inmigrante, a recibir insultos. A partir de entonces he tenido experiencias curiosas por este hecho. Independientemente de la situación personal claro que me siento muy relacionada con lo que estaba viendo. Yo me he podido mover, he podido estar aquí haciendo mi proyecto, pero otros no pueden. El movimiento, conocer mundo, relacionarse forma parte de la naturaleza del ser humano, pero resulta que ahora, para poder hacerlo, hay que tener unas condiciones económicas.

-¿Y cuando vuelve a su país, con qué ojos lo ve?
-El proyecto “Colombia” es un resumen de todo lo que he ido haciendo del país a lo largo de los años y el trabajo “Colombianos” una serie para la que viajé expresamente. Quería hacer retratos de las personas colombianas afectadas por la guerra en ese momento. Quería enseñar lo que había, no sólo estaban los paramilitares, los guerrilleros, además también estaba la persona que iba por la calle. Yo estaba harta de oir que todos los colombianos éramos narcotraficantes, la gente va a Colombia tiene miles de cosas, sobretodo gente, una geografía increíble.

-En Barcelona, donde reside, trabaja como “freelance”. ¿Es duro en estos tiempos de crisis?
-Si, seguro. Está tremenda la situación. Hay una cosa muy curiosa, por lo menos lo que yo vivo. La crisis te golpea pero además a mí no sólo me golpea por el mundo de la prensa, además hay un cambio radical en el mundo de la imagen y también te toca. Ahora, la fotografía la hace todo el mundo y es democrática. Algo que está muy bien, pero también hay que darse cuenta que existimos los profesionales. A todo ello hay que sumar la crisis generacional, yo ya tengo una edad y te encuentras que la apretada es por todos los lados. Es fuerte la situación. Yo no esperaba encontrarme así. Un día me bajé de la nube en la que estaba y me encontré con esto.

-Usted trabaja con digital para los proyectos periodísticos y en analógico para las series más personales. ¿Por qué esa diferencia?
-El blanco y negro, el analógico, la película, es con el que hago todos los trabajos personales que he hecho hasta ahora y no puedo ir de otra manera, no sé ir de otra manera. Claro que he tenido que ir actualizándome a medida que han pasado los tiempos porque era eso o morir, sobretodo cuando no te llega el dinero.

-Dicen que trabaja en las series de fotografía durante años
-Es una cruz (ríe). Los fotógrafos somos un poco como el mito de Sísifo, cuando llegas arriba o se te cae la piedra o la tiras y tienes que volver a bajar. El instante de la prensa, de la emoción de la carrera, ya lo tuve y  necesitaba otra cosa, otro reposo, la imagen me gusta y no podía sentirla así. Necesitaba parar, y todos mis trabajos son lo que decido hacer que no responde a ningún esquema, eso sí tienen mucho esfuerzo, mucho tiempo, poco a poco,  de hecho el proyecto “Colombia” no lo doy por acabado.

-¿Y lo próximo qué será?
-Estoy con el proyecto “Muertitos”, con el que llevo siete años. Empecé yendo a México cada año el día de los muertos, es también en blanco y negro, aunque se trata de una fiesta llena de color. Me gusta ese juego. El día de los muertos en México es una cosa expansiva, deliciosa y magia. Es el sueño, la ironía, tiene muchos matices y es también lo onírico.

-¿Qué le han parecido las Jornadas de Fotoperiodismo que se han celebrado en Mieres bajo la batuta de la Asociación de Fotoperiodistas de Asturias?
-Es buenísimo y necesario. Yo me acuerdo cuando vine la primera vez a España, lo hice para  estudiar y no había nada, era la época de la Transición, no había un curso, un taller. No había nada y regresé a Colombia. Cuando volví en el 85 ya existía un poco más de movimiento.

-En este tipo de actividades siempre hay mucha gente jóven. ¿Le piden consejos?
-Me gusta más intercambiar experiencias que aconsejar, porque para mi es importante encontrarme con gente nueva. No quiero ser la palabra y la autoridad, tengo unos años de experiencia y a quien les sirvan fenomenal pero la gente joven tiene muchas cosas que a mi me faltaban.


Entrevista: Aitana Castaño

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