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> Entrevista a Manu Brabo en las pasadas Jornadas de Foroperiodismo de Mieres - 08/04/2011 [Otras Noticias]  

En la última edición de las jornadas de Fotoperiodismo de Mieres organizadas por APFA, el fotógrafo detenido en Libia por las tropas de Gadafi, Manu Brabo nos concedió esta entrevista.


Desde APFA todo nuestro apoyo y respeto y confiamos en que sea puesto en libertad inmediatamente.



Manu Brabo: “En fotoperiodismo casi siempre hay que hacer de la necesidad virtud”


Aún sin haber cumplido los treinta y con tan solo cuatro años de experiencia en el objetivo, Manu Brabo (Gijón, 1981) tiene la mirada muy acostumbrada al conflicto. Sus trabajos sobre las minas de estaño bolivianas, Kosovo, los inmigrantes marroquíes en Melilla, Cisjordania o las “Villamiseria” de Buenos Aires dan buena muestra de ello. Con la enfermedad del viajero, este joven fotoperiodista asturiano, premio Nómadas en el Festival de Fotoperiodismo de Vitoria Persicopio 2009, administra sus ingresos cubriendo eventos deportivos y de sociedad para financiar sus excursiones a los pequeños infiernos terrestres. De ellos siempre vuelve con un testimonio tan directo como lo son sus palabras. Este mismo mes volvió a su Asturias del alma para participar en las IV Jornadas de Fotoperiodismo de Mieres.


Las minas bolivianas, los barrios pobres de Buenos Aires, Kosovo, la frontera de Melilla, Cisjordania… de todos estos lugares en conflicto permanente has regresado con un testimonio. ¿Crees que el fotoperiodismo de denuncia sirve realmente para algo?


A ratos piensas que sí y a ratos que no. Lo que sí sé es que hay una parte de que no depende de mí. Yo sencillamente voy, veo y lo traigo hasta aquí. Lo que el espectador hace o decide es cosa suya. Aún así, siempre te queda la esperanza de que alguien vea las fotos y se haga más consciente de los problemas que existen. La idea es decir que esto está jodido y que nos toca empezar a ser un poco más conscientes, casi con todo. La verdad es que ya no me motiva tanto cambiar la visión de las cosas como poder utilizar la cámara como vehículo para llegar a lugares a los que no sería capaz de llegar de otra manera, para que la gente pueda conocer lo que yo veo. Quizás hay un punto vanidoso en todo esto, pero yo creo que merece la pena.


Después de casos como el del ya mítico Kevin Carter, con aquella fotografía de unos buitres esperando para supuestamente devorar el cadáver de una niña que aun estaba viva, y de la polvareda mediática que levanto este y otros casos similares, la pregunta se hace inevitable: ¿hasta dónde debe llegar la implicación de un periodista, o en este caso de un fotoperiodista, en un conflicto?


Hace poco leí un artículo de unos fotógrafos españoles que habían estado en un campo de refugiados y que tenían fotos prácticamente idénticas a las de Carter. Contaban que lo cierto es que los buitres esperaban simplemente a que la gente defecara para comerse sus excrementos; solo la mierda, no a las personas. Lógicamente sus fotos tuvieron una carga simbólica cojonuda. Por otro lado, yo digo: ¿cuántos negritos tengo que coger de la mano? ¿Realmente la responsabilidad última es mía? ¿Podemos cargar contra la actitud de un fotógrafo como Carter ante un problema que además generamos todos? Desgraciadamente, parece que la solución es matar al mensajero. Todo ese tema siempre me ha parecido de un absurdo brutal. En cuanto a la implicación personal, yo procuro que la cámara no me deshumanice. Siempre he estrechado vínculos con la gente de los lugares a los que voy y seguiré haciéndolo, aunque en ocasiones te lleves disgustos. Denunciar algo sin sentirlo es imposible.


En un mundo tan globalizado, ¿aún hay cosas interesantes que fotografiar al lado de nuestra casa?


Yo me motivo más cuando salgo fuera. Esto no quita que haya gente que trabaja en casa y que lo hace muy bien. Además, es necesario estar entrenado en el sentido de que, tal como está el patio, no te pasas viajando todo el año, sino solo cuando reúnes el dinero suficiente para hacerlo. Si me paso meses haciendo fotos de motociclismo y luego directamente me voy de viaje sin volver a acostumbrar la mirada, tardo una semana en empezar a funcionar. Y eso solo lo puedo hacer trabajando al lado de casa.


¿Vas a la aventura o eres cuidadoso preparando los viajes?


Conforme va pasando el tiempo, me estoy dando cuenta de la importancia de la producción previa, del peso del proceso que rodea a la propia historia. Las horas de llamadas de teléfono, de enviar mails, el tiempo que uno pasa tomando café con un tío que te pone en contacto con otro tío… uno no llega a los sitios y se pone a hacer fotos sin más. No es buen plan.


Hoy en día, cualquier persona del primer mundo tiene acceso a una cámara de fotos medianamente decente a un precio razonable. Por consiguiente, la técnica se ha democratizado y cualquiera puede decir que es “fotógrafo”. ¿Es esto positivo para la profesión?


Si, las cámaras se democratizan, pero el ojo no. Y el talento tampoco. Hay gente que nace con ello, pero también se educa. El problema pasa por todos aquellos que tienen que controlar la calidad del fotoperiodismo actual. Desgraciadamente no se está caminando por buena vereda.


Crisis crónica de los medios, desaparición paulatina del fotoperiodista en las redacciones, redactores sacando fotos y escribiendo el artículo…


Sí, pero también te digo que a mi todos esos temas me quedan grandes. Ellos podrán estar en crisis, yo no lo estoy. Tengo claro que quiero hacer una cosa. Me busco la vida, hago mi curro y procuro sacar el dinero necesario para hacerla. Y con mi dinero hago lo que quiero. Nadie me encarga, nadie me paga por adelantado, pero nadie me cambia ni una coma. Hacer de la necesidad virtud. Puede ser una desventaja, o no, según se mire. Lo que hay que ser es perseverante y tal vez es hora de ser también más positivos. No me puedo poner a llorar en una esquina sin ni tan siquiera haber cumplido los treinta. Hay que funcionar.


¿Y que tiene ahora mismo Manu Bravo en mente?


Pues de momento de vuelta a Asturias, currar de lo que sea, juntar dinero, ir haciendo cosas pequeñas y luego poder irme seis meses o un año largo en Pakistán. Aunque también me seduce Brasil.


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