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> Fallece el compañero José Carlos Caicoya - 19/01/2012 [Otras Noticias]  

Lamentamos comunicar que en la tarde de hoy jueves 19 de enero ha fallecido en Gijón el veterano compañero José Carlos Caicoya, que trabajó en el diario de "El Comercio".


El funeral de cuerpo presente será en la Iglesia parroquial de Santa Bárbara, Alto Pumarín, a las CINCO de la tarde del SÁBADO, día 21, y a continuación, su traslado al Tanatorio Gijón-Cabueñes, donde sus restos mortales serán incinerados.


Capilla ardiente, Tanatorio Gijón-Cabueñes, sala 7, Teléfono. 984157007


Autodidacta de la vida por Jaime Poncela:
 
Nuestros mayores nos resumieron el sentido de la vida con tres palabras: "Aprenderás a hosties". Mutatis mutandi, o sea, más o menos, los años nos han ido enseñando que la sentencia de papá era certera, que la necesidad agudiza el ingenio. De hecho, conocimos a personajes como José Carlos Caicoya, un autodidacta del vivir que aprendió recibiendo golpes, dándolos y sabiendo encajarlos. A estas alturas de su vida octogenaria, Caicoya, nuestro "Caico", puede presumir de haber sacado el zumo a la existencia (unas veces dulce y otras amargo), de haberse hecho a sí mismo, de tener más amigos que enemigos y de ser recordado en todas partes como un tipo cordial, tenaz, voluntarioso y dispuesto a facilitar las cosas.


José Carlos Caicoya ha sido cronista deportivo, trabajador siderúrgico, boxeador, fotógrafo de prensa, fundador de uno de los concursos de tonada más antiguos y prestigiosos, hombre para todo en su trabajo, padre y marido. Entró por la puerta de EL COMERCIO en 1965. Empezó siendo cronista de bolos. No sabía de qué iba el asunto de la redacción periodística, pero aprendió por sí mismo. ¿Cómo? Antes de que se inventara el "copia y pega" de los ordenadores, antes de que hubiera ordenadores, Caicoya se fijaba en lo ya escrito por otros y juntaba las frases que más le gustaban para montar sus propias crónicas. Aprendió así a redactar y, por si fuera poco, aprendió después fotografía por correspondencia. Con un par y CCC. Antes de los cursos "on line", "Caico" ya sabía que preguntando se llega a Roma. De manera que con una formación de autodidacta pleno y una voluntad a prueba de todo, aquel trabajador de Ensidesa, que venía de Uninsa, se metió a periodista con las únicas armas de su olfato de perro de presa, estar siempre disponible y no hacer ascos a los viajes, los madrugones o los trasnoches.


Un accidente de trabajo le dejó una vitalicia y aparatosa cojera. Esa tara le dejó también más tiempo para simultanear sus obligaciones laborales con su pasión periodística de informador gráfico. Cuando la palabra fotoperiodismo sonaba a chino y el mundo era de Vegafer, Matilla, Guerrero, Rubio y cuatro más, José Carlos Caicoya atravesaba media España con Jenaro Allongo de copiloto para narrar las dichas y desdichas del Sporting. Eran los tiempos de los flashes de bacinilla, los líquidos de revelar con olor a repollo cocido y la práctica imposibilidad de enviar fotos a distancia. Todo se resolvía a base de horas de carretera y mucha voluntad. Caicoya disponía de todo ello en cantidades industriales y jamás faltó a una cita informativa. Los periódicos, por si ustedes no lo saben, salen todos los días gracias a personas como Caicoya, tanques humanos para quienes la información diaria es obligación sagrada, aunque al día siguiente sirva para envolver pescado. Para "Caico", EL COMERCIO fue siempre su casa y para esta casa trabajó de manera generosa y cumplidora.


Los cojos tienen fama de estar siempre enfadados, de ser resentidos y coléricos. Esa es la leyenda urbana que nunca se cumplió con Caicoya. Siempre ha sido gruñón, pero afectuoso y buen compañero, encajador de bromas (algunas de muy mal tono) y dispuesto a sacrificar su tiempo, moviendo por la redacción su cuerpo de boxeador con buena planta y sosteniendo la cámara con sus grandes manos, las mismas que, según confiesa, le hicieron ganar más de veinte combates en sus tiempos de púgil.


Su frase favorita, su declaración de principios, era "hoy no comí". Con ella resumía "Caico" cualquier día de horarios de locura en los que había que llegar a tiempo a una foto en alguna parte de Asturias, sacrificando cualquier otra cosa, incluso la hora de comer. Pese a sus limitaciones físicas, que se fueron haciendo más grandes con los años, José Carlos Caicoya no ha dejado nunca de moverse, de participar en la vida diaria, de apoyar a su barrio y a su ciudad. El premiado y prestigioso Concurso de Tonada de Gijón, la Asociación de Vecinos de Santa Bárbara, la militancia sindical, política y todo lo que tenga que ver con el deporte autóctono y la cultura asturiana, son las otras pasiones mantenidas con la misma generosidad e intensidad a lo largo de cuarenta años.


La vida le ha dado un golpe bajo hace unos meses con la muerte de Felisa, su mujer. Caicoya, el viejo boxeador de mirada noble que ha retratado las vidas de muchos, se ha resentido del codazo en la boca del estómago. Dice que le cuesta salir de casa y que ya no sabe andar con la cámara a cuestas. Pero este hombre que ha aprendido a vivir viviendo, de la misma manera de aprendió a ser periodista, dando y recibiendo golpes, no se dejará vencer. Seguro.


Enlaces relaccionados:
http://www.elcomercio.es/20120119/asturias/gijon/fallece-jose-carlos-caicoya-201201192008.html


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